Lectores de mi corazón….
Como les he comentado en otras cartas, tener asesoría médica es crucial, y más cuando se sospecha de alguna anomalía en nuestros misteriosos cuerpos.
Y aquí estoy, esperando a que me hagan una ecografía transvaginal, ordenada por la médica (Que honestamente evito hablar de temas como el periodo con médicos hombres).
Paradójicamente, me ha correspondido un ginecólogo, hombre.
Con toda la vergüenza que la desnudez me pueda causar, recuerdo que mi vulnerabilidad es solo mía ya que el especialista seguramente ve “muchas” todos los santos días. La mía se va a perder en un mar de vulvas examinadas por el doctor.
Mientras espero que me atiendan, solo espero que a pesar de su masculinidad, tenga la suficiente empatía para con esta mujer, que logre generar un ambiente de mínima confianza entre paciente y médico y así amortiguar un poco mi incomodidad.
Pero la incomodidad no supera la importancia que tiene para mí hacerse revisar y cerciorarse de que todo está bien. O bueno, eso espero.
A veces no se sabe que es peor, porque si no hay nada, entonces que está pasando, y si hay algo, pues naturalmente asusta un poco. Pero para eso estamos aquí, para tratar todo a tiempo.
La asistente del consultorio es muy amable, me ha vendido un preservativo (Recordemos que les comenté que la ecografía es transvaginal).
Así que me siento en la sala de espera a la expectativa. Reconozco que no es mi primera vez. Y saber que no duele y saber más o menos de que va debería ser suficiente, pero si me siento un poco nerviosa. Tal vez más por la desnudez que por otra cosa.
Aquí vamos.