Nuestra cammunidad empieza hoy como un espacio de intercambiar opiniones sobre todas las dimensiones de lo que es ser mujer en esta era… Reflexiones que todo ser humano debe hacer
Prevenir
Lectores de mi corazón.
No sé si es por la edad, pero a mi hija adolescente le encantan los documentales sobre crímenes reales. Y yo, naturalmente, la acompaño a verlos. Suscita toda clase de conversaciones, y develan la gran humanidad que tiene y su sentido de empatía.
Dadas las temáticas que abordan este tipo de documentales, no es raro que muchos incluyan situaciones de violencia sexual.
Miedosísimo. Cuando se habla de violencia sexual, no dejo de preguntarme que clase de mundo es al que hemos traído a nuestros hijos. Creo que esta reflexión se ha dejado ver en diferentes cartas. Pero este es el mundo, es la realidad, y sin duda nos toca a nosotros como padres y madres comprometidos y presentes, darles las herramientas necesarias a nuestros hijos para que puedan identificar estas situaciones de abuso.
Lo primero y fundamental, la comunicación y la confianza. Ambas, se empiezan a construir desde muy pequeños, Para ellos debe ser natural conversar con nosotros. De cualquier tema. Tener la plena seguridad de que somos su lugar seguro. Y fundamental: Que les vamos a creer. Es muy triste conocer situaciones donde el pequeñín no les dijo a sus padres porque estaban convencidos de que no les iban a creer, pues su victimario es un tío, el abuelo o un amigo cercano. O peor aún, cuando creen que es culpa de ellos. De igual forma, ellos deben saber que hay adultos de confianza como la profesora del colegio; y que cualquier situación de esas jamás de los jamases va a ser culpa de ellos.
También hay que enseñarles que no deben guardar secretos. Que los niños y las niñas solo guardan sorpresas buenas, que nos alegran, como cuando la abuelita va a cumplir años y le estamos preparando una reunión especial. Que cualquier cosa que los haga sentir incómodos la deben contar. Que su mismo cuerpo les da señales: Como cuando se sienten paralizados, no pueden respirar o tiemblan.
Y ya que hablamos del cuerpo, hay que hablarles de una manera apropiada según su edad, sin dar información de más, de sus partes íntimas, que ningún adulto les debe pedir que se las muestre, explicarles los casos cuando se va a al médico y él los examina en presencia de papá o mamá….
Reitero mi posición. Qué clase de mundo es éste en donde hay que prevenir a los hijos de gente degenerada. Pero ni modo. La prevención, es la primera acción.
Etapas que convergen
Lectores de mi corazón.
Para quienes han tenido la oportunidad de leer mis cartas anteriores, saben que tengo una hija adolescente. Físicamente, su cuerpo se encuentra en toda la revolución hormonal que la prepara para su vida reproductiva. Mientras ella está empezando, mi cuerpo me dice que yo ya estoy finalizando, cosa que como que me alegra y me asusta al mismo tiempo.
Y no me asusta ni mucho menos porque quiera tener más hijos, me asusta porque también han podido ver en mis cartas, he padecido síntomas “molestos” a falta de otra palabra con mis períodos, y temo que sea la antesala de una menopausia difícil.
Aunque no debo predisponerme mis queridos lectores. Sé que lo que tengo que hacer es asesorarme, informarme y si es el caso buscar ayuda médica.
En este momento, debo acoger con cariño los cambios que esta etapa de la vida me traiga, y debo acompañar a mi hija para que también pueda llevar su momento vital lo más saludablemente posible.
Recuerden que las jóvenes a esa edad, pueden sentirse inseguras, ansiosas, tener cambios de humor y tener una autoimagen negativa. Mantener una comunicación asertiva con ellas es crucial (Comunicación que ojalá hayas podido cultivar desde la infancia). Pero para mí lo que es clave, es no olvidarnos de que nosotros mismos también fuimos adolescentes alguna vez. Que fácil es olvidarnos de eso, y no somos capaces de tener nada de empatía con nuestros adolescentes. Naturalmente vivimos nuestra adolescencia en época diferente a la de ellos, pero hay cosas de nuestro adolescente interior que nos pueden ayudar a entender a nuestros adolescentes actuales.
Mientras ellos pasan por sus propias situaciones derivadas de los cambios corporales, muchas de nosotras, madres modernas y empoderadas también debemos lidiar con nuestros propios cambios ¿Quién nos ayuda?
No pierdas la compostura. Reconoce y abraza lo que sucede con tu cuerpo ahora. Aliméntate bien, haz ejercicio, cuida de tu bienestar físico y mental. Así como esperas que tu hija en su momento sepa llevar sus cambios, tú eres su primer ejemplo.
Dormir bien
Lectores de mi corazón.
Mi madre, tiene el privilegio de dormir como un bebé. Afortunadamente, a pesar de su edad, no tiene problemas de sueño, y los días que debe madrugar mucho, hace una siesta reparadora y en la noche duerme como si nada. En mi opinión, dormir así, es un superpoder. Creo que todos conocemos a alguien que tiene problemas de sueño, o nosotros mismos los padecemos. Si no es que se nos dificulta dormir al principio de la noche, cualquier cosa nos despierta, como si a las dos o tres de la mañana pudiéramos resolver lo que nos preocupa… Aunque reconozco que en contadas ocasiones si se me han ocurrido buenas ideas.
Como tal, en mi caso no he padecido de insomnio desde hace mucho tiempo, Aunque si es muy común despertarme a horas inapropiadas y a veces me cuesta volver a conciliar el sueño. Dormir bien, definitivamente para mí es un privilegio, sin duda una necesidad básica de todas las personas; sin importar cuántas horas necesite cada quien para funcionar, no hay nadie que diga que sin dormir está al tope de su capacidad.
Sin duda, una de las situaciones más comunes en la vida adulta es tener problemas de sueño. Pero… Les tengo noticias para quienes están atravesando la perimenopausia o la menopausia en sí misma: Uno de los cambios que más nos aquejan en estas etapas son los trastornos de sueño ¡No puede ser! Tengamos en cuenta que se dice el insomnio, uno de los trastornos del sueño más común en la menopausia, puede afectar a un tercio de las mujeres que pasa por ella.
Bueno, vamos a calmarnos. Puede que a ti no te pase, que pertenezcas a ese selecto grupo cuyos cambios corporales en esta etapa de la vida, no deriven en un trastorno de sueño. Y si fuera así, aquí algunas cositas que puedes tener en cuenta. Tal vez también les sirva a todos en general, ¿Por qué no?
Lo primero es identificar el origen de esta situación… ¿Es un problema hormonal? ¿Es un tema psicológico o emocional? ¿Es un factor físico como la apnea? ¿Son los malos hábitos? ¿Es falta de higiene del sueño?
Si lo piensas, con solo responder a estas preguntas, podemos tomar el camino para superar esta situación: Sabremos si necesitamos un suplemento con melatonina (Siempre de la mano de un especialista), aprender técnicas de meditación o de yoga, recurrir a la terapia psicológica, mejorar nuestros hábitos de vida, seguir una rutina adecuada en cuanto horarios y ambiente físico para dormir. Todo con tal de recuperar las anheladas y merecidas noches tranquilas y reparadoras.
En definitiva, importantísima la ayuda médica. No te automediques y ten disciplina para aplicar lo que te recomiende tu doctor. Finalmente, nadie mejor que tú sabe el verdadero significado de “Ten una feliz noche”