Crisis de crianza

Lectores de mi corazón.

Seguramente les ha pasado que según la etapa que se encuentren sus hijos, hijas, sobrinos, hijos de sus amigos, son las crisis. Que la pataleta o berrinche de los dos años… de los tres, de los ocho, de los trece… Ahora que lo escribo, creo que guardadas las proporciones todos tienen rabietas a cualquier edad… Hasta los adultos.

Pero bueno, que cuando son los hijos de uno, pues si toca que entrar a contener. Todos los que tenemos niños, niñas, adolescentes a cargo, nos ha tocado sentir la mirada fulminante de otros adultos que muy seguramente creen que podrían hacerlo mejor que nosotros, cuando somos nosotros los primeros que queremos que esta tortura termine. Si es una niña en un restaurante que no se quiere comer lo que ella misma pidió, un niño en una juguetería exigiendo la pista de carros más cara que había (Creo que todos sabemos la marca), un adolescente en pleno centro comercial volteando sus ojos para arriba demostrando toda su apatía.

Aunque a veces, estos emperadores, reyes y reinas de las casas que parece que se le pueden parar en la cabeza a sus padres, tienen estos comportamientos porque precisamente han sido sus padres o encargados de su crianza quienes no les han puesto límites. Claro. Disciplinar es mucho más difícil. Hacerlo con amor y respeto aún más.

Desde mi humilde opinión, por difícil que parezca, cuando estas situaciones empiezan aparecer en la más tierna infancia, hace falta tener la suficiente templanza y no ceder a los caprichos. Se que es muy complejo no ceder ante la mirada tierna de un infante pidiendo algo… Pero creo que, si se es firme a tiempo, se pueden evitar escenarios peores en el futuro. Ahora que lo pienso, este tema amerita una carta más amplia a futuro.