Lectores de mi corazón.
¿Les ha pasado que se encuentran en una situación hilarante, pero resulta que el realmente el centro de burlas son ustedes? Porque burlarse de los demás es muy bueno, pero cuando se están burlando de uno la cosa cambia.
Ah, pero ya vienen a decirme que tan sensible, que tan tocada. Hasta donde es límite donde una situación puede ser considerada graciosa, y donde se pasa dicho límite al punto de herir los sentimientos del otro, del irrespeto, o incluso del escarnio público.
Pero ahora resulta que a uno todo le tiene que parecer gracioso, a riesgo de no parecer demasiado quisquillosa, así el motivo de las risas sea un error, una torpeza personal, que dicho sea de paso a veces soy bien torpe.
Para mí hay una delgada línea que por lo menos los que tienen sentido común saben que no pueden pasar. Basta con leer el lenguaje corporal de la persona que ha cometido la tontería que ha hecho reír al resto de los presentes. Con su lenguaje corporal podemos saber si nos estamos pasando o si para ella también su desliz le ha resultado gracioso, o por lo menos tiene la capacidad de reaccionar con humor a la situación.
De cualquier forma, creo que la mejor arma que tenemos todos es precisamente esa, reaccionar con humor incluso frente a los propios “descaches”, o como le digan en tu país a una situación donde alguien se equivoca en público.
Sin embargo, también hay que ser cautelosos, no todos tienen esa capacidad. Si estás en una situación donde ves que la persona no se está sintiendo muy bien con tanta risa a costa suya, trata de cambiar rápidamente de tema, no queremos lastimar a la persona en cuestión.
Y a esa persona le digo: Recuerda que la gran mayoría de las veces, no es personal. Tal vez tu chascarrillo no se podía dejar pasar de momento, y los demás no pudieron evitar reírse. Si piensas que no se están riendo de TI, sino de la situación que se provocó, tal vez puedas verlo desde otra óptica. Esa situación no te define, errar es de humanos, y que te importe un nabo, también.