Lectores de mi corazón.
Mientras que unas nos dirigimos a una etapa superior de la existencia, que espero que llegue con trascendencia y serenidad, otros apenas empiezan a vivir, con la candidez e ilusiones propias de la juventud. Y así como a estas edades batallamos con las hormonas, que siquiera que esta batalla la libramos con un poquito más de autoconciencia y madurez, estos pobres jovencitos están peleando con sus hormonas (No solo con sus hormonas) con las pocas herramientas que su corto paso por la vida hasta ahora les ha permitido obtener.
Unos de una mejor manera que otros, ya que gracias a Dios, al universo, la fuente, a la sabiduría o lo que sea que ustedes crean, no todas las adolescencias son complicadas, eso sí, ninguna es fácil. Yo vivo orgullosa de la adolescente que tengo en casa. Pero ninguna madre de adolescente podrá negar que hay momentos puntuales de la vida, en que los pobres ni se hallan, ni se entienden a sí mismos, en el mismo minuto pasan de odiarte a quererte a nuevamente odiarte.
Es un período de la vida, que termina. Ese es el consuelo que nos damos las madres de adolescentes. Y de cualquier manera es una etapa bien interesante. Escuchar sus puntos de vista, ver como evoluciona su carácter, como adquieren gustos propios, cuáles son sus intereses en la vida. La verdad es genial.
Hay muchos prejuicios para tratar con adolescentes. Creo que para evitarlos es necesario reconectar con nuestra propia adolescencia. Muchos adultos tratan con adolescentes, como si ellos mismos no hubieran pasado por ahí. Si han leído mis cartas creo que han detectado que la empatía me mueve mucho.
Aunque, también, algo que muchos padres, maestros, y otros actores que tienen que ver con adolescentes, olvidan, es el momento histórico en que están creciendo los adolescentes de hoy. Por ahí se deja “pillar” uno que otro padre diciendo… “Es que a mí en mi época”… Hombre que a ti en tu época ni te tocó Internet.