Mi demonioso

Lectores de mi corazón…

Hace algunos días, les comenté que dadas las “peripecias” que paso con mi periodo menstrual, por llamarlo de alguna manera en búsqueda de reír por no llorar; busque nuevamente asesoría médica.

Si bien toda la vida he sufrido diversos síntomas que normalizamos sin ser normales, y me tocó “a fuerza de lidias” aprender a vivir con ellos, de un tiempo para acá se habían salido de la “zona de confort” y entraron a la zona de la tortura física y psicológica.

No sé por cuanto tiempo la ha padecido, pero el diagnóstico fue adenomiosis. Y pues por un juego de letras, le llamo demonioso. Nuevamente tratando de sacar el lado “amable” de la situación.

Para quienes no estén familiarizados con este tipo de diagnósticos, se trata de una enfermedad ginecológica crónica donde el tejido endometrial crece anormalmente en la pared muscular del útero. Esto conlleva a tener un útero agrandado, reglas muy dolorosas y sangrado abundante.

El tratamiento va desde los anticonceptivos orales, el dispositivo intrauterino o en casos más extremos la histerectomía. Que, dicho sea de paso, después de ser mamá he tenido reflexiones serias frente a optar por esta radical decisión, dados los padecimientos a lo largo de la vida.

Como me encuentro cerca de la menopausia, o bueno, creo que estoy cerca, es muy improbable que un ginecólogo opte por este tratamiento.

Me han formulado anticonceptivos. Al principio, “manchaba un poco” y tenía dolores de cabeza muy fuertes, además de cambios de humor, por los días que me tendría que bajar la regla.

Por ahora, por lo menos los síntomas de la adenomiosis si han mejorado. Se supone, que con este método incluso me va a dejar de venir la menstruación. Ya les estaré contando mi experiencia.

Crisis de crianza

Lectores de mi corazón.

Seguramente les ha pasado que según la etapa que se encuentren sus hijos, hijas, sobrinos, hijos de sus amigos, son las crisis. Que la pataleta o berrinche de los dos años… de los tres, de los ocho, de los trece… Ahora que lo escribo, creo que guardadas las proporciones todos tienen rabietas a cualquier edad… Hasta los adultos.

Pero bueno, que cuando son los hijos de uno, pues si toca que entrar a contener. Todos los que tenemos niños, niñas, adolescentes a cargo, nos ha tocado sentir la mirada fulminante de otros adultos que muy seguramente creen que podrían hacerlo mejor que nosotros, cuando somos nosotros los primeros que queremos que esta tortura termine. Si es una niña en un restaurante que no se quiere comer lo que ella misma pidió, un niño en una juguetería exigiendo la pista de carros más cara que había (Creo que todos sabemos la marca), un adolescente en pleno centro comercial volteando sus ojos para arriba demostrando toda su apatía.

Aunque a veces, estos emperadores, reyes y reinas de las casas que parece que se le pueden parar en la cabeza a sus padres, tienen estos comportamientos porque precisamente han sido sus padres o encargados de su crianza quienes no les han puesto límites. Claro. Disciplinar es mucho más difícil. Hacerlo con amor y respeto aún más.

Desde mi humilde opinión, por difícil que parezca, cuando estas situaciones empiezan aparecer en la más tierna infancia, hace falta tener la suficiente templanza y no ceder a los caprichos. Se que es muy complejo no ceder ante la mirada tierna de un infante pidiendo algo… Pero creo que, si se es firme a tiempo, se pueden evitar escenarios peores en el futuro. Ahora que lo pienso, este tema amerita una carta más amplia a futuro.

Discapacitados sociales

Lectores de mi corazón.

Una vez entré a un negocio de esos de barrio, a una tiendita, y tenía un cartel que hablaba sobre como la crianza de los hijos podía terminar generando “discapacitados sociales”. Nada más lejos de la verdad.

Honestamente, soy fan de muchas estrategias de la crianza tradicional que recibimos muchos de los nacidos en los ochenta. Obviamente hablo de las buenas estrategias que nos formaron como adultos responsables, disciplinados, resilientes y trabajadores. Que no me caiga el mundo encima hablando de los traumas infantiles generados por todos esos estilos de crianza, ejecutados por padres y madres bienintencionados pero con pocas herramientas y recursos.

Pero no nos digamos mentiras que ahora la crianza si se fue al otro extremo.

Asistimos a un momento de la historia donde lamentablemente vemos a muchos jóvenes adultos completamente incompetentes para vivir en sociedad. Aunque reconozco que hay gente de mi edad que parecen adolescentes de cuarenta y cinco años. Tal vez fueron criados por algún “hippie con ideas raras” (#humor).

Es muy fácil detectarlos, son jóvenes que en sus veintes tienen cero tolerancia a la frustración. No duran en un trabajo porque no saben cómo lidiar asertivamente con la autoridad. No tienen idea de cómo valerse por sí mismos, porque nunca supieron ni lavar un plato o por lo menos cocinarse un huevo. No saben que para que una casa funcione hay un mínimo de gastos como servicios públicos o que hay que barrer de vez en cuando. Creen que lo pueden tener todo, y peor aún, que lo merecen sin el más mínimo esfuerzo.

No todos gracias a Dios, porque si no a donde iremos a parar, pero si muchos cuyos padres olvidaron lo más importante de la crianza: Entregar adultos funcionales a la sociedad.