Espiritualidad

Lectores de mi corazón…

Nos encontramos en la Semana Santa. Hoy por hoy no se vive esta semana como en el pasado. Sea por la vida de hoy, tan agitada, que muchos aprovechan para hacer una pausa. Sea porque el fervor religioso ha disminuido. Sea porque la pandemia hizo que la gente no sienta la necesidad de pasarse por una iglesia. Sea por lo que sea, seguramente cualquiera de ustedes reconocerá que la Semana Santa realmente ya no es como antes.

No se confundan queridos lectores, esta carta no se trata de algo precisamente religioso. Hablar de la Semana Santa se me vuelve una “excusa” en esta carta, para tocar un tema valioso pero olvidado en la era de las mujeres modernas y empoderadas: Nuestra relación con Dios.

No me importa que nombre le coloques a Dios…. Aquí busco trascender del tema religioso, y explorar el tema espiritual.

Mi fe, en lo personal, ha sido como una montaña rusa cuyas subidas y bajadas se ven fuertemente influenciadas por mi racionalidad. Las preguntas, muchas de las cuales seguramente ustedes también se han hecho. Preguntas que hacen tambalear hasta el más creyente. Sin embargo, con el tiempo, tras diferentes batallas y luchas, propias precisamente de esta modernidad, percibí que definitivamente uno no puedo solo en esta vida. Y que por más preguntas que me pueda hacer, veo que la única forma es ir de la mano de Dios.

Y aunque haya empezado hablando de la Semana Santa, celebración propia de la fe católica, si lo notas, aquí hablo de una relación íntima y personal con Dios, sin importar si son religiosos o no, o cual religión profesen. Me parece importante hacer esta distinción. Que hay personas que descuidan su parte espiritual por desacuerdos directores con las organizaciones religiosas.

Así que esta carta, es para recordarte. Así te hayas alejado de Dios, Él nunca te ha abandonado. Vuelve a Él. Por el camino que elijas. Pero vuelve a Él.