Lectores de mi corazón.
Hoy sentí una urgente necesidad de escribir, así de repente y de la nada, tras un día de evaluar mis opciones, hacer búsquedas, llevar a cabo reflexiones.
¿Llevar a cabo escribo? Reflexiones que empiezan y no terminan porque la disciplina de la mente a veces flaquea y empieza una toda trascendental hasta que se acuerda que hay que planear el menú de la semana.
Resolver toda clase de cosas, ha sido una labor ancestral de toda madre. No digo que los padres no resuelvan, no vaya a ser que se me venga el mundo encima. Solo estoy haciendo alusión al hecho de que aunque a las mamás siempre nos ha tocado resolver, probablemente hoy en día se haya convertido en un desafío.
Titulé mi carta de hoy “Una carta tras un día cansado”, y escribiendo me doy cuenta que la cansada soy yo, no el día. El tiempo, pasa implacablemente, sin consideración alguna. Al tiempo no le importa tu estado mental ni físico. No tiene porque importarle.
¿Han visto la película Lucy? Para mí, recomendada. Aquí la protagonista plantea que la verdadera medida del mundo es el tiempo. Algo así como que el tiempo es que le da validez a las cosas.
Y a la larga pues sí. ¿Qué pregunta la gente en un funeral? Pues cuántos años tenía el difunto al momento de dejar este plano.
Hoy termino este día “cansado”, cansada, entre reflexiones y resoluciones. Espero que las suficientes para que el tiempo de este día, haya sido bien vivido.