Batería Social

Lectores de mi corazón.

Me defino como una persona bastante introvertida. No tengo problema con quedarme sola, me gusta el silencio, a veces prefiero escuchar que hablar.

Aunque eso no significa que no tenga que dar una opinión para dar, o que no pueda hablar en público. Modestia aparte tengo cierta habilidad para expresarme.

Socializar nunca ha sido mi prioridad, sin embargo, soy consciente de que es muy importante. Finalmente, los seres humanos son sociales por naturaleza… Aunque llegué tarde a la repartición de amigabilidad. En general, tengo que hacer un ejercicio mental previo muy intenso cuando sé que estaré rodeada de muchas personas, en especial cuando no me conocen muy bien.

Primero, porque además de ser introvertida, soy muy seria. Mi mirada es profunda y en ocasiones desafiante. Puedo pasar por antipática, pero tal vez solo estoy exhorta en mis propios pensamientos o incluso preocupaciones, preocupaciones que no me abandonan hasta en los mejores momentos o con las mejores personas.

Mi ceño siempre está fruncido, como si me la pasara de mal humor. A algunos seres humanos les parece un tanto irritante esa característica mía.

Así que antes de estar con más personas, en especial si apenas voy a interactuar con ellas por primera vez, debo pensar en mis gestos, mi postura física, mi tono de voz, que complementa divinamente esta cara de brava que me gasto.

Aunque tiene sus ventajas: En ocasiones termina alejando gente que no vale la pena, y sé que quienes se quedan les interesa ir más allá de que lo que se ve a simple vista.

Pero a veces pasa algo que muy seguramente muchas personas introvertidas me podrán entender: Se me va agotando esa “Batería Social”. No puedo dejar de preguntarme como hacen esas personas tan sociales… A veces me encuentro a mí misma en una reunión ligeramente agotada, física y mentalmente, y van surgiendo las ganas de partir porque ya me está costando socializar. Dependiendo del entorno y con quienes esté, sé que tal vez me deba esforzar un poco más… ¿O no?

Caminar en reversa

Lectores de mi corazón.

Ahora que nos bombardean con cantidad de videos sobre la importancia del ejercicio, dicho sea de paso que obvio que si es muy importante, hay una gran oferta de gente mostrándonos sus rutinas en gimnasio.

Por más que uno no quiera, siempre se va a topar con video de esos, e inevitablemente cómo que se queda en la cabeza, porque hace algunos días, me soñé que yo estaba haciendo ejercicio en una máquina de esas que hay en los gimnasios que simulan unas escaleras. Pero lo más extraño de todo, en mi sueño yo me encontraba haciendo el ejercicio de espaldas, y conversaba con alguien, que no recuerdo quien era en el sueño, diciéndole que caminar en reversa era más efectivo.

Al despertar, solo pensaba en esa frase “Caminar en reversa”.

Eso me puso a reflexionar, frente a algunos momentos de mi vida, y como que les pude dar nombre en retrospectiva… Como que son momentos en que iba caminando en reversa ¿No les ha pasado? Tanto luchar, trabajar, sacrificarse, y uno como perdido, sin rumbo, cada vez más lejos de lograr eso que tanto anhelamos.

¿Caminar en reversa? Cada día desde ese sueño pienso en esa expresión, y peor aún, que en ese sueño, hubiera dicho que caminar en reversa era más efectivo…

¿Qué mensaje tendré que yo que encontrar en ese “Caminar en reversa es más efectivo”? Es fácil olvidar que en esos momentos de lo que les hablo, momentos que seguramente compartimos, cada quien, desde su experiencia, no estamos caminando en reversa. Tal vez es un cúmulo de experiencias que tenemos que vivir y nos preparan para alcanzar lo que tanto anhelamos. Es difícil verlo desde esa perspectiva si a veces como que no avanzamos hacia nuestros propósitos de una manera más tangible. Ojalá que si sea que nos estamos preparando, y efectivamente no sea que literalmente caminamos en reversa.

La productividad de las mujeres modernas

Lectores de mi corazón.

Abundan vídeos, podcasts, libros, en fin, cualquier cantidad de contenido, que nos prometen la fórmula definitiva para hacernos más productivos.

Desde los que madrugan, y llevan a cabo una lista interminable de acciones antes de ponerse a trabajar… Pues que hay que ver que leen, meditan, hacen ejercicio, y el sol ni ha salido…

Están los que hacen sus afirmaciones, o tienen la lista del quehacer hecha desde la noche anterior.

Están los que dicen que trabajan mejor de noche, unos completos noctámbulos que me recuerdan a mi ingenua yo juvenil.

Ver todos esos estilos de vida, me hace reflexionar en que definitivamente no hay recetas mágicas que garanticen aumentar nuestra productividad, más allá de autoconocernos y entender lo que mejor funciona para cada persona. Y más aún si esa persona (Léase yo), trabaja desde casa… Ni que fuera yo la única, el home office se ha vuelto una tendencia que no parece tener reversa.

Eso sí, en definitiva, debemos reconocer que si hay unos mínimos que son comunes.

Primero que todo estaría la disciplina. Porque la motivación, vaya que si es una voluble amiga, se presenta cuando le conviene y lo abandona a uno cuando más se le necesita. Pero la disciplina, vence la falta de motivación. Reconozco que es bien difícil de cultivar, pero es imprescindible para ser personas más productivas. Con disciplina, sabemos que hay que tener un lugar de trabajo ordenado, respetar unos horarios de trabajo y de descanso, cumplir con unas tareas para finalizar nuestros proyectos… En definitiva, un pilar de nuestra productividad.

También pasa que nuestro estado mental nos juega una mala pasada. Bien difícil de superar si trabajas desde casa y peor aún si no hay nadie más, ya que dependerá de ti sobreponerte y enfrentar esa tarea que vienes postergando a pesar de tus preocupaciones o tristezas. Ahí, desde mi experiencia personal, creo que lo mejor es, por más trabajo que tengas, sacar cuarenta minutos, ojalá una hora, y hacer ejercicio.

Tú dirás, es que no me queda tiempo, tengo mucho por hacer. Pero si lo piensas, si tu estado mental no es el ideal, por más que te la pases en el escritorio, no vas a producir mucho que digamos, En cambio, si destinas ese tiempo en hacer buen ejercicio, ojalá al solecito (Sin olvidar el protector solar), y mejor aún cerca de la naturaleza, notarás una diferencia abismal.

Cuando vuelvas a tu quehacer, tendrás la mente más despejada, sintiéndote mejor y con mayor capacidad para resolver tus deberes. Alguna vez vi en un video a alguien que decía, no sé si sea doctor o qué sería, pero muy cierto lo que dijo, que no hay ansiedad que resista tres kilómetros.

Y ya que hablamos de lo corporal, cuidar en general de tu alimentación y de tu hidratación será fundamental para tu adecuado desempeño. No nos digamos mentiras, trabajando desde casa, es fácil saltarse comidas o incluso olvidarlas, o tener un paquete de papitas al lado con refresco para pasar el hambre.

Sé que los gurús de la productividad tendrás mucho mejores tips que yo. Pero por lo pronto, para mí, disciplina y bienestar.