Cuidar de nosotros mismos

Lectores de mi corazón.

Hace algún tiempo, cuando mi hija aún almorzaba en el colegio, recuerdo que un día cualesquiera, compré unos ingredientes que me hacían falta para mi almuerzo. Esos ingredientes me emocionaron mucho, eran para la ensalada y la guarnición, yo tenía el resto en casa. La razón por la que me emocionaron es que me anticipaban a un delicioso almuerzo, Sepan que me encanta cocinar, pero especialmente para mi familia. Entonces cocinar solo para mí, tiene algo de nostalgia. Sin embargo, cuando compré esos ingredientes, reflexioné sobre que cada uno de nosotros también es lo suficientemente importante como para destinar algo de esfuerzo por cocinarse bien. Es que a veces puede pasar que por flojera o el apure diario, las personas que viven solas no cocinen para sí mismos, Pero, si uno mismo no se cuida ¿Quién lo hará?

Almorzando sola, me he valido de diferentes estrategias para poder contar con lo necesario para almorzar bien.

Por ejemplo, cuando cocino el fin de semana para la familia (A veces los fines de semana estamos más acompañadas), preparo un par de porciones más y las congelo.

Cuando compro la carne (Perdónenme los lectores vegetarianos y veganos), la congelo porcionada y adobada de una vez. Para diferentes preparaciones, en trocitos, en porciones para asar, albóndigas, en fin. También con las verduras, que algunas funcionan bien congeladas, entonces las parto en cubos en congelo en bolsitas aparte, según diferentes tipos de preparación.

Ahora, también está muy de moda el tema del meal prep. Con esta estrategia, organizas el menú de la semana en un día. Es muy completa porque piensan en todo: La proteína, la guarnición, la ensalada. Esta yo le ha aplicado, aunque no para la semana entera, pero es una excelente opción. Incluso para los desayunos hay unas ideas fantásticas con avena, que dicho sea de paso me han gustado mucho por lo completos que pueden ser.

De cualquier manera, siempre es importante asesorarse por un profesional de la dietética y la nutrición, para poder suplir las necesidades de tu etapa de vida.

Lo importante aquí es que no te dejes vencer de la pereza o la falta de tiempo y te alimentes bien. Recuerda, para estar bien para los demás, primero tienes que estar bien tú.

El malestar psicológico a veces es silencioso

Lectores de mi corazón.

En nuestra cammunidad espero que puedas encontrar palabras de aliento y apoyo. Que leyendo mis cartas puedas encontrar ese mensaje que tu corazón anhela y que vayas encontrando paz.

A veces, cuando hablo con mi hija y le hago preguntas sobre su día, y sus respuestas son que todo está bien, me da miedo que todo esté mal, y me lo oculte por evitarme una preocupación. Eso se vuelve una olla a presión que termina indefectiblemente por explotar y es peor. Lo digo con toda propiedad, por las propias experiencias.

Así que a medida que lees mis cartas, recuerda que hay situaciones que se salen de nuestro control y necesitamos hablarlo y pedir ayuda. Solo hablarlo libera porque nos hace sentir que alguien más nos ayuda con nuestra pesada carga, así no se haya resuelto la situación que te intranquiliza.

Sea con una bella amistad, un familiar de confianza, el pastor de la iglesia o el sacerdote, u ojalá con un buen profesional de la psicología. O escribe, puede ser un paso previo si aún no te atreves a hablar, pero no eches en saco roto la posibilidad de hablar con alguien. Si hablas a tiempo, puedes evitar una debacle emocional más seria que pueda derivar en un trastorno psicológico más difícil de tratar. 

Hoy en día, se habla mucho del mindfulness, y aunque no soy muy letrada en esa materia, por lo menos si te puedo decir que sin usar un término tan rimbombante, todos merecemos tener paz mental. No la sacrifiques por nada, ni por el ser más amado. Recuerda que ese ser amado te necesita bien. Antes de amar, te tienes que amar tú, valorarte tú y cuidar de ti. Y recuerda lo fundamental: Cuida de tu alimentación, y sal a caminar al sol. No te imaginas el bien que te hará.

La productividad de las mujeres modernas

Lectores de mi corazón.

Abundan vídeos, podcasts, libros, en fin, cualquier cantidad de contenido, que nos prometen la fórmula definitiva para hacernos más productivos.

Desde los que madrugan, y llevan a cabo una lista interminable de acciones antes de ponerse a trabajar… Pues que hay que ver que leen, meditan, hacen ejercicio, y el sol ni ha salido…

Están los que hacen sus afirmaciones, o tienen la lista del quehacer hecha desde la noche anterior.

Están los que dicen que trabajan mejor de noche, unos completos noctámbulos que me recuerdan a mi ingenua yo juvenil.

Ver todos esos estilos de vida, me hace reflexionar en que definitivamente no hay recetas mágicas que garanticen aumentar nuestra productividad, más allá de autoconocernos y entender lo que mejor funciona para cada persona. Y más aún si esa persona (Léase yo), trabaja desde casa… Ni que fuera yo la única, el home office se ha vuelto una tendencia que no parece tener reversa.

Eso sí, en definitiva, debemos reconocer que si hay unos mínimos que son comunes.

Primero que todo estaría la disciplina. Porque la motivación, vaya que si es una voluble amiga, se presenta cuando le conviene y lo abandona a uno cuando más se le necesita. Pero la disciplina, vence la falta de motivación. Reconozco que es bien difícil de cultivar, pero es imprescindible para ser personas más productivas. Con disciplina, sabemos que hay que tener un lugar de trabajo ordenado, respetar unos horarios de trabajo y de descanso, cumplir con unas tareas para finalizar nuestros proyectos… En definitiva, un pilar de nuestra productividad.

También pasa que nuestro estado mental nos juega una mala pasada. Bien difícil de superar si trabajas desde casa y peor aún si no hay nadie más, ya que dependerá de ti sobreponerte y enfrentar esa tarea que vienes postergando a pesar de tus preocupaciones o tristezas. Ahí, desde mi experiencia personal, creo que lo mejor es, por más trabajo que tengas, sacar cuarenta minutos, ojalá una hora, y hacer ejercicio.

Tú dirás, es que no me queda tiempo, tengo mucho por hacer. Pero si lo piensas, si tu estado mental no es el ideal, por más que te la pases en el escritorio, no vas a producir mucho que digamos, En cambio, si destinas ese tiempo en hacer buen ejercicio, ojalá al solecito (Sin olvidar el protector solar), y mejor aún cerca de la naturaleza, notarás una diferencia abismal.

Cuando vuelvas a tu quehacer, tendrás la mente más despejada, sintiéndote mejor y con mayor capacidad para resolver tus deberes. Alguna vez vi en un video a alguien que decía, no sé si sea doctor o qué sería, pero muy cierto lo que dijo, que no hay ansiedad que resista tres kilómetros.

Y ya que hablamos de lo corporal, cuidar en general de tu alimentación y de tu hidratación será fundamental para tu adecuado desempeño. No nos digamos mentiras, trabajando desde casa, es fácil saltarse comidas o incluso olvidarlas, o tener un paquete de papitas al lado con refresco para pasar el hambre.

Sé que los gurús de la productividad tendrás mucho mejores tips que yo. Pero por lo pronto, para mí, disciplina y bienestar.