Orden o desorden…

Formas de vivir y de tener la casa son tan múltiples como personas hay.

En mi caso, en la medida de lo posible, me gusta un poco más el orden y la organización. Sin obsesionarme, eso sí. Pero considero que tener la casa ordenada, contribuye invaluablemente a la paz mental. Y ni se diga que lo mío es el trabajo en casa.

Mi habitación, el lugar de trabajo, la cocina… Deben tener un mínimo orden y limpieza.

De hecho, cuando organizo o cuando limpio, me siento plena en gratitud: Gratitud por la casa que Dios me ha proveído para vivir, por el sector donde vivo, por los espacios con los que cuento.

Es lo que para mí funciona. Para otras mamás u otras familias tal vez esto no sea tan importante, y eso funciona para estas mamás, para estas familias. Universos únicos con sus propias reglas.

Para mí un acuerdo básico de convivencia son niveles mínimos de organización. Entiendo que el orden de cada uno es diferente, pero por lo menos tener cada cosa en su lugar y mantener cierta higiene para mí si es primordial.

Esto se constituye en todo un desafío si se tienen adolescentes en casa. Por ahí leí que el desorden de sus habitaciones es un reflejo de su desorden mental, propio de la etapa de la vida en la que están. Puede que sea cierto. En mi mente un poco más tradicional, lo siento como una excusa para no poner el cepillo para el cabello en el puesto. Una excusa ni mandada hacer, me sabrán perdonar quienes se dedican a la psicología. Siquiera basta con cerrar la puerta y mirar para otro lado ¿Será posible ignorarlo?

Pequeñines

Lectores de mi corazón.

Si han leído mis cartas anteriores saben que tengo una hija adolescente, con quien ha sido fascinante analizar lo que nos rodea. Sin dejar de ser un desafío (Cualquiera que tenga un adolescente en casa, sabe a qué me refiero), en la adolescencia se desarrolla un sentido crítico en ellos que es bastante interesante explorar.

Pero quienes están rodeados de infantes, dígase menores de ocho años, saben lo divertidos que pueden ser los momentos con ellos. Con sus ocurrencias, su inocencia, su creatividad y espontaneidad, llegamos a ver el mundo con otros ojos. Como que renuevan nuestra fe en la humanidad. Nos dan pequeños chispazos de que todo puede ser mejor, llenan las casas de alegría y nos motivan a ser mejores.

Claro, que los hay de muchas formas de ser, y también malcriados, que terminan pagando los platos ratos de una mala educación y falta de límites que son responsabilidad de sus padres o cuidadores. Pero en general, los infantes llenan de alegría y luz cualquier espacio. Ayudan a hacer de este mundo, un lugar un poco más habitable

Subculturas de hoy

Hace algunos días, hubo un gran revuelo en las redes sociales, y hasta por fuera de ellas porque el mundo digital permeó el mundo físico y viceversa, Todo este fenómeno de los therians, que sabemos que no es nuevo, pero nos sigue asombrando, fue motivo de debates, memes, opiniones profesionales, y eso sí, situaciones hilarantes de todo tipo. Fueron fuente inagotable de contenido para YouTube, Instagram o TikTok.

Yo creo que hasta los abuelitos se dieron cuenta del término, me imagino qué muchos pensarían que esta juventud está perdida. Creo que no necesitamos a los “therians” para que los abuelitos piensen así.

Me imagino también que eso pensaron los padres de ellos… Tal parece que cada generación siempre termina pensando que la suya fue mejor que la que sigue.  

Pero hoy en día todos esos temas de “Me identifico con” dan cabida a muchas reflexiones. Creo que una cosa es divertirse por un rato con tus amigos e incluso disfrazarse, y otra muy distinta desdibujar la realidad. Es más ¿Hasta dónde el ritmo de vida actual nos está llevando a buscar vías de escape de este estilo? La ayuda terapéutica sale a nuestro rescate.

Como mamá, me parecen muy divertidos esos videos de papás diciendo: ¿Ahora eres therian? Duermes afuera y comes croquetas. Se me hace muy divertido. Ya que yo estoy de acuerdo con algunas prácticas de la crianza tradicional, me parecen muy graciosos esos golpes de realidad para estos muchachos. Y además porque hay de todo.

A mí se me hace un poco increíbles las historias de “therians” mordiendo personas, o adoptando comportamientos animales como si el raciocinio les faltara. Con razón hay quienes dicen que los animales son más inteligentes y eso que no soy animalista.

Entonces vuelvo a mi reflexión sobre la realidad. “En mis tiempos”, como decimos las personas de mi edad, también habías grupos, tribus urbanas, porque las personas siempre tienen la necesidad de pertenecer. Bueno, eran grupos humanos en todo caso, valga aclarar. Que se agrupen por intereses comunes, claro que sí. Pero que jamás, jamás de los jamases, se pierdan de la realidad.