¿Decir que NO?

Lectores de mi corazón.

Ustedes creerán que esta carta es exclusiva para mujeres. Pero no. aunque al principio parezca así, es para todos. Queridas lectoras, necesitamos más empatía a nuestro alrededor. Por eso, esta carta es para todos.

Nosotras, queridas lectoras. Mujeres del siglo XXI que crecimos creyendo que todo lo podemos, cual mujeres amazonas con superpoderes. Es más, mi generación creció además con una idea de servicio permanente, continuo, sin límites. Si no servimos a los demás, no servimos como mujeres literalmente. Y así, transitando entre los diferentes roles que las mujeres empoderadas de hoy asumimos, se nos desdibujan los límites de nuestro propio ser, cuando nuestro propio ser pareciera que solo está al servicio de los demás. Decir no, ¡Jamás! Ya sea porque nos creamos las más poderosas e independientes, o porque crecimos con la idea de que las mejores mujeres son las más disponibles para los demás.

Pues hoy mis queridas lectoras les digo ¡No más!

Aunque honestamente amigas, y para quienes me leen hoy en general, me lo digo a mí misma. Tal vez te identifiques conmigo. Tanto he servido, tanto he ayudado, tanto he dicho que si, que me dije que no a mí misma. Y en esos ires y venires, me puedo perder como mujer, como persona, y a la larga, no estaré para los que más quiero.

Decir No, poner límites, también a la larga será en beneficio de quienes están tan mal acostumbrados a contar con nosotras. Bueno, y en general con todos, que a cualquiera le puede pasar que se le desdibujan los límites de su propia persona.

A veces, hay que decir que no, porque a veces el peso es mucho, ponemos en riesgo nuestra salud física e incluso mental. Como madre, esposa, trabajadora, amiga, hermana… en fin… A veces nos perdemos en las necesidades de los demás. Y nos cuesta entender, como somos mujeres ultra empoderadas e independientes, que no podemos con todo ni con todos, Y espero que no me tachen de egoísta. Pero, en últimas, para estar bien para los demás, ¿No tengo yo que estar bien primero?

Esto se nos olvida constantemente. Siempre estamos al servicio del otro, y no vamos a nuestro interior. A veces, hay que decir NO, para luego poder decir SI.