Está llamando la atención.

Lectores de mi corazón.

Todos hemos estado en una situación donde hay un pequeñín “portándose mal”. Con la venía de su cuidador, claro está, que poco o nada hace por controlar la situación. Y un adulto presente, o el mismo cuidador, suelta la popular frase “Está llamando la atención”. Y muy inteligentemente, remata su preciso diagnóstico con un “Hay que ignorarlo”.

Pero, si ibas tan bien diagnosticando al malcriado…

Bueno, ya en serio… Se han detenido a pensar, ¿En que realmente están llamando la atención? Todos vemos con estupefacción como los estilos de crianza actuales, están desprovistos de límites y estructura.

Pasamos de crianzas muy severas a crianzas muy blandas. Y no es que quiera que cojan a esos “muchachos” a palo, ni mucho menos, solo que les enseñen a comportarse adecuadamente, eso es vital para su desempeño actual y futuro.

Y si, futuro. Porque luego esos pequeñines sin límites, ¿Qué clase de adolescentes serán? La temida adolescencia. No sabe uno si la padece o la sobrevive. Tanto el insufrible adolescente como el pobre padre o madre.

Y ahora bien, también si un adolescente se “porta mal” ¿También estará llamando la atención? ¿También clamará por unos padres o cuidadores que hagan su trabajo? Cómo distinguir la diferencia…

Por ahora solo les digo. Si sus descendientes están llamando la atención, por algo será ¿No?

¿Decir que NO?

Lectores de mi corazón.

Ustedes creerán que esta carta es exclusiva para mujeres. Pero no. aunque al principio parezca así, es para todos. Queridas lectoras, necesitamos más empatía a nuestro alrededor. Por eso, esta carta es para todos.

Nosotras, queridas lectoras. Mujeres del siglo XXI que crecimos creyendo que todo lo podemos, cual mujeres amazonas con superpoderes. Es más, mi generación creció además con una idea de servicio permanente, continuo, sin límites. Si no servimos a los demás, no servimos como mujeres literalmente. Y así, transitando entre los diferentes roles que las mujeres empoderadas de hoy asumimos, se nos desdibujan los límites de nuestro propio ser, cuando nuestro propio ser pareciera que solo está al servicio de los demás. Decir no, ¡Jamás! Ya sea porque nos creamos las más poderosas e independientes, o porque crecimos con la idea de que las mejores mujeres son las más disponibles para los demás.

Pues hoy mis queridas lectoras les digo ¡No más!

Aunque honestamente amigas, y para quienes me leen hoy en general, me lo digo a mí misma. Tal vez te identifiques conmigo. Tanto he servido, tanto he ayudado, tanto he dicho que si, que me dije que no a mí misma. Y en esos ires y venires, me puedo perder como mujer, como persona, y a la larga, no estaré para los que más quiero.

Decir No, poner límites, también a la larga será en beneficio de quienes están tan mal acostumbrados a contar con nosotras. Bueno, y en general con todos, que a cualquiera le puede pasar que se le desdibujan los límites de su propia persona.

A veces, hay que decir que no, porque a veces el peso es mucho, ponemos en riesgo nuestra salud física e incluso mental. Como madre, esposa, trabajadora, amiga, hermana… en fin… A veces nos perdemos en las necesidades de los demás. Y nos cuesta entender, como somos mujeres ultra empoderadas e independientes, que no podemos con todo ni con todos, Y espero que no me tachen de egoísta. Pero, en últimas, para estar bien para los demás, ¿No tengo yo que estar bien primero?

Esto se nos olvida constantemente. Siempre estamos al servicio del otro, y no vamos a nuestro interior. A veces, hay que decir NO, para luego poder decir SI.