De la era del Internet y otros demonios

Lectores de mi corazón.

Algunos padres y madres nos pasa que le tememos mucho al momento en que les vamos a dar acceso a Internet a nuestros hijos, por los riesgos que conlleva que algún perturbado los pueda contactar, entre otros riesgos. Yo no fui nativa digital, soy de la generación que presenció el nacimiento de la red global y como ésta se hizo cada día más necesaria en nuestras vidas. Ya lo igualan a un servicio básico como la energía eléctrica o el agua. Yo supe que era la vida sin Internet, mi hija no la concibe sin él.

No nos digamos mentiras, que tener Internet en el celular, es como una ventana al mundo, donde difícilmente podemos controlar lo que pasa ante sus ojos.

No me crean ingenua, le tengo herramientas de control parental al aparato, pero hecha la ley, hecha la trampa y nadie más hábil que un joven para saltarse las barreras. Quiero creer que lo que le he enseñado durante toda su vida le ha dado suficiente criterio para saber que ve y que no ve, que sigue y que no, de que se deja llenar el cerebro.

Los riesgos son incontables. Existen y son reales. Hacerles una lista nos podría tomar varias de mis cartas. Creo que es más sencillo enseñarles a nuestros hijos lo bueno y lo malo y echarles la bendición.

Estuve viendo unos apartes de una serie documental de un YouTuber gringo que se aprovechó de la visibilidad que tenía en la comunidad para contactarse con fans de las cuales abusó. No viene al caso contarles cuál es, puede ser Fulanito o Jhon Doe, el riesgo es el mismo.

Es utópico pretender que vivan en una burbuja por protegerlos. La verdadera protección está en educarlos.

Aunque también me pregunto, ¿Qué clase de sociedad es ésta en que el adulto puede hacer lo que se le viene en gana y nos toca que prevenir a los niños, niñas y adolescentes? ¿No debería ser un acuerdo común que los adultos en su totalidad los protejan?

Qué lindo se lee, pero no es la realidad. Por lo menos, no la realidad que nos tocó vivir.