El dinero

Lectores de mi corazón.

Siempre se nos ha dicho que el dinero no es lo más importante, que no compra la felicidad, que no lo es todo en la vida.

Pero tampoco vamos decir que no ayuda. De hecho, si pienso es que, si es muy importante, no lo más importante, pero si muy importante. Nos permite tener más opciones y satisfacer de mejor manera primero nuestras necesidades y porque no, también nuestros deseos y hasta caprichos.

No soy materialista, pero no estoy de acuerdo con los que ven que el dinero es obra del demonio. Como si disfrutar de una buena cena o irse de vacaciones estuviera en contra de ser buenas personas. Y estoy convencida, de que el dinero, como medio para lograr muchas cosas, no tiene la capacidad de cambiar a nadie. El dinero, simplemente va a revelar el carácter, la personalidad y los valores de cada quien. Muchos creen que hay personas que cambiaron cuando tuvieron más dinero. Nada más lejos de la realidad. Lo que sucede es que terminando sacando a relucir lo mejor o lo peor de las personas.

Eso sí: Una adecuada gestión financiera es crucial para sentirse tranquilos. Y todos merecemos vivir tranquilos.

Sin embargo, hoy en particular viví algo relacionado con el tema del dinero que me angustió mucho al principio, pero luego me di cuenta que se podía resolver.

Que importante lograr tomar con serenidad los problemas financieros. Ojalá uno nunca olvidara que todo tiene solución, y que cosas más graves pueden pasar. Es tan lamentable cuando uno se entera de personas cuya situación económica los rebasa. Algunos, tristemente, incluso toman decisiones fatales.

Últimamente he pensado mucho en la serenidad. Siempre quisiera tener ese don para que ni el dinero me perturbe. ¿Será mucho pedir?

Mi demonioso

Lectores de mi corazón…

Hace algunos días, les comenté que dadas las “peripecias” que paso con mi periodo menstrual, por llamarlo de alguna manera en búsqueda de reír por no llorar; busque nuevamente asesoría médica.

Si bien toda la vida he sufrido diversos síntomas que normalizamos sin ser normales, y me tocó “a fuerza de lidias” aprender a vivir con ellos, de un tiempo para acá se habían salido de la “zona de confort” y entraron a la zona de la tortura física y psicológica.

No sé por cuanto tiempo la ha padecido, pero el diagnóstico fue adenomiosis. Y pues por un juego de letras, le llamo demonioso. Nuevamente tratando de sacar el lado “amable” de la situación.

Para quienes no estén familiarizados con este tipo de diagnósticos, se trata de una enfermedad ginecológica crónica donde el tejido endometrial crece anormalmente en la pared muscular del útero. Esto conlleva a tener un útero agrandado, reglas muy dolorosas y sangrado abundante.

El tratamiento va desde los anticonceptivos orales, el dispositivo intrauterino o en casos más extremos la histerectomía. Que, dicho sea de paso, después de ser mamá he tenido reflexiones serias frente a optar por esta radical decisión, dados los padecimientos a lo largo de la vida.

Como me encuentro cerca de la menopausia, o bueno, creo que estoy cerca, es muy improbable que un ginecólogo opte por este tratamiento.

Me han formulado anticonceptivos. Al principio, “manchaba un poco” y tenía dolores de cabeza muy fuertes, además de cambios de humor, por los días que me tendría que bajar la regla.

Por ahora, por lo menos los síntomas de la adenomiosis si han mejorado. Se supone, que con este método incluso me va a dejar de venir la menstruación. Ya les estaré contando mi experiencia.

Crisis de crianza

Lectores de mi corazón.

Seguramente les ha pasado que según la etapa que se encuentren sus hijos, hijas, sobrinos, hijos de sus amigos, son las crisis. Que la pataleta o berrinche de los dos años… de los tres, de los ocho, de los trece… Ahora que lo escribo, creo que guardadas las proporciones todos tienen rabietas a cualquier edad… Hasta los adultos.

Pero bueno, que cuando son los hijos de uno, pues si toca que entrar a contener. Todos los que tenemos niños, niñas, adolescentes a cargo, nos ha tocado sentir la mirada fulminante de otros adultos que muy seguramente creen que podrían hacerlo mejor que nosotros, cuando somos nosotros los primeros que queremos que esta tortura termine. Si es una niña en un restaurante que no se quiere comer lo que ella misma pidió, un niño en una juguetería exigiendo la pista de carros más cara que había (Creo que todos sabemos la marca), un adolescente en pleno centro comercial volteando sus ojos para arriba demostrando toda su apatía.

Aunque a veces, estos emperadores, reyes y reinas de las casas que parece que se le pueden parar en la cabeza a sus padres, tienen estos comportamientos porque precisamente han sido sus padres o encargados de su crianza quienes no les han puesto límites. Claro. Disciplinar es mucho más difícil. Hacerlo con amor y respeto aún más.

Desde mi humilde opinión, por difícil que parezca, cuando estas situaciones empiezan aparecer en la más tierna infancia, hace falta tener la suficiente templanza y no ceder a los caprichos. Se que es muy complejo no ceder ante la mirada tierna de un infante pidiendo algo… Pero creo que, si se es firme a tiempo, se pueden evitar escenarios peores en el futuro. Ahora que lo pienso, este tema amerita una carta más amplia a futuro.