Espiritualidad

Lectores de mi corazón…

Nos encontramos en la Semana Santa. Hoy por hoy no se vive esta semana como en el pasado. Sea por la vida de hoy, tan agitada, que muchos aprovechan para hacer una pausa. Sea porque el fervor religioso ha disminuido. Sea porque la pandemia hizo que la gente no sienta la necesidad de pasarse por una iglesia. Sea por lo que sea, seguramente cualquiera de ustedes reconocerá que la Semana Santa realmente ya no es como antes.

No se confundan queridos lectores, esta carta no se trata de algo precisamente religioso. Hablar de la Semana Santa se me vuelve una “excusa” en esta carta, para tocar un tema valioso pero olvidado en la era de las mujeres modernas y empoderadas: Nuestra relación con Dios.

No me importa que nombre le coloques a Dios…. Aquí busco trascender del tema religioso, y explorar el tema espiritual.

Mi fe, en lo personal, ha sido como una montaña rusa cuyas subidas y bajadas se ven fuertemente influenciadas por mi racionalidad. Las preguntas, muchas de las cuales seguramente ustedes también se han hecho. Preguntas que hacen tambalear hasta el más creyente. Sin embargo, con el tiempo, tras diferentes batallas y luchas, propias precisamente de esta modernidad, percibí que definitivamente uno no puedo solo en esta vida. Y que por más preguntas que me pueda hacer, veo que la única forma es ir de la mano de Dios.

Y aunque haya empezado hablando de la Semana Santa, celebración propia de la fe católica, si lo notas, aquí hablo de una relación íntima y personal con Dios, sin importar si son religiosos o no, o cual religión profesen. Me parece importante hacer esta distinción. Que hay personas que descuidan su parte espiritual por desacuerdos directores con las organizaciones religiosas.

Así que esta carta, es para recordarte. Así te hayas alejado de Dios, Él nunca te ha abandonado. Vuelve a Él. Por el camino que elijas. Pero vuelve a Él.

¿Decir que NO?

Lectores de mi corazón.

Ustedes creerán que esta carta es exclusiva para mujeres. Pero no. aunque al principio parezca así, es para todos. Queridas lectoras, necesitamos más empatía a nuestro alrededor. Por eso, esta carta es para todos.

Nosotras, queridas lectoras. Mujeres del siglo XXI que crecimos creyendo que todo lo podemos, cual mujeres amazonas con superpoderes. Es más, mi generación creció además con una idea de servicio permanente, continuo, sin límites. Si no servimos a los demás, no servimos como mujeres literalmente. Y así, transitando entre los diferentes roles que las mujeres empoderadas de hoy asumimos, se nos desdibujan los límites de nuestro propio ser, cuando nuestro propio ser pareciera que solo está al servicio de los demás. Decir no, ¡Jamás! Ya sea porque nos creamos las más poderosas e independientes, o porque crecimos con la idea de que las mejores mujeres son las más disponibles para los demás.

Pues hoy mis queridas lectoras les digo ¡No más!

Aunque honestamente amigas, y para quienes me leen hoy en general, me lo digo a mí misma. Tal vez te identifiques conmigo. Tanto he servido, tanto he ayudado, tanto he dicho que si, que me dije que no a mí misma. Y en esos ires y venires, me puedo perder como mujer, como persona, y a la larga, no estaré para los que más quiero.

Decir No, poner límites, también a la larga será en beneficio de quienes están tan mal acostumbrados a contar con nosotras. Bueno, y en general con todos, que a cualquiera le puede pasar que se le desdibujan los límites de su propia persona.

A veces, hay que decir que no, porque a veces el peso es mucho, ponemos en riesgo nuestra salud física e incluso mental. Como madre, esposa, trabajadora, amiga, hermana… en fin… A veces nos perdemos en las necesidades de los demás. Y nos cuesta entender, como somos mujeres ultra empoderadas e independientes, que no podemos con todo ni con todos, Y espero que no me tachen de egoísta. Pero, en últimas, para estar bien para los demás, ¿No tengo yo que estar bien primero?

Esto se nos olvida constantemente. Siempre estamos al servicio del otro, y no vamos a nuestro interior. A veces, hay que decir NO, para luego poder decir SI.

Comer o alimentarse

Lectores de mi corazón.

No sé si solo a mí, no sé si a ustedes también les pase… Que recibimos tanta información sobre cómo alimentarnos apropiadamente que puede resultar abrumadora. Ya hasta con las frutas se están metiendo los doctores youtubers y los gurúes de la dietética.

Y a esto le sumamos el afán del público por tener soluciones mágicas a su exceso de peso, o más delicado aún, cuando le atribuyen poderes mágicos a alguna comida para curar un grave problema de salud.

Qué hacer ante tanta confusión. Pues la información será el poder. Antes que nada aclarar que no soy nutricionista, ni dietista, ni profesional alguno de la salud y la nutrición. Una simple mortal que entiende la importancia de una alimentación adecuada para contribuir con una buena salud. Con algo de sentido común para entender que la clave está en el equilibrio.

Por ejemplo. Qué les pasa con los carbohidratos, si son esenciales para tener buena energía para enfrentar nuestras actividades diarias y para el adecuado funcionamiento del cerebro. Cuando estamos bajos de este importante macronutriente, nos podemos sentir malhumorados y tener dificultades para desarrollar funciones ejecutivas cotidianas como la memoria o la concentración,  Que nos queda entonces, elegir aquellos carbohidratos ricos en minerales, vitaminas y fibra, ojalá sin azúcar añadida.

Los otros dos macronutrientes son la proteína y la grasa. De la proteína ni hablar, creo que nadie discute su importancia en la alimentación diaria. Ya que el origen de la proteína es otro tema, principalmente por los estilos de vida vegetarianos y veganos, muy respetables en todo caso.

Con la grasa, si es que hay palabras que en el diario vivir uno a veces no entiende, que si saturadas, que si monoinsaturadas, que polinsaturadas, que hidrogenadas, que los ácidos grasos. Eso sí, han de saber algo: Eliminar del todo la grasa, tampoco será la solución, que paradójicamente se expone uno hasta problemas cardiovasculares. Pero en algo estamos de acuerdo, no podemos ingerir cualquier grasa. Hace tiempo se escucha el término “Grasas buenas”. Y se ganan el nombre de buenas, precisamente por eso, porque las necesitamos.

Ya hablar de las mejores fuentes de estos macronutrientes esenciales, será tema de otra entrada. Por lo pronto, sentido común y equilibrio.